Pablo, tú eras de esos niños que
se pasaban todo el día con el lápiz o con el estuche de colores Alpino
dibujando sobre cualquier papel…
Yo era el niño flaco, hipermétrope
y sentimental que no jugaba demasiado bien al fútbol y que tenía que encontrar
otros métodos para destacar. Con los Alpino, lo conseguía, dibujándoles tebeos
a todos los de la clase, aquellos cabrones.
Recuerdas los primeros libros
infantiles que leíste, que te descubrieron o despertaron tu imaginación…
Jim Botón y Lucas el maquinista,
de Michael Ende. Se lo leo a mis hijos de vez en cuando y aún me emociona.
Narra las aventuras de dos amigos muy peculiares y es muy divertido pero me
parece que, lo que me hace recordarlo y releerlo, es su poesía y su ausencia de
bobaliconería pedagógica, o sea, eso que es tan difícil de encontrar ahora en
un texto para niños.
Tu cultura visual cómo se ha
nutrido o formado principalmente: la literatura, los libros ilustrados, el
arte, el cine, medios de comunicación…
Literatura, tebeos y unos
cuantos pintores e ilustradores sería mi caladero. Puede decirse que me he
nutrido casi exclusivamente a través de los libros. Yo diría que he sentido
fascinación por la palabra, principalmente por la palabra poética, y por el
dibujo. Y en la ilustración y en la historieta es donde puedo trenzar estos dos
hilos. La belleza que puede surgir de la cópula entre textos e imágenes cuando
la cosa funciona es, como decía el ilustrador Miguel Ángel Pacheco, un gozo
para los sentidos y una luz para el entendimiento ciertamente incomparable.
Texto e ilustración, para ti,
¿cómo se reparten el protagonismo en el libro?
Depende de qué libro. En un
álbum ilustrado, las ilustraciones tienen más peso y forman un todo indivisible
con el texto, es todo ello un mecanismo que funciona al unísono. En un libro
ilustrado, el texto es el que lleva el mayor peso visual y de contenido, y la
ilustración debe evitar quedarse en lo meramente ornamental.
Cuando uno se dispone a ilustrar
un libro como Rasmus y el vagabundo y de
una escritora como Astrid Lindgren, ¿cuál
es el mayor reto o desafío? ¿Captar o
“atrapar” el texto literario y
traducirlo en imágenes y tratar de no traicionarlo? O por el contrario, se
parte de cero por decirlo de alguna manera, de una mente en blanco…
Yo no diría que la ilustración sea traducir en imágenes, porque la cosa no consiste en decir lo mismo pero en
un lenguaje distinto no sea que por escrito no se haya entendido bien. Más bien
se trata de crear un mundo plástico adecuado y exclusivo para ese texto, aún
mejor, para ese libro, para ese objeto artístico que es un libro ilustrado. En
este caso, tanto el libro como la autora me
hacían pensar en travesuras, ingenuidad, tardes merendando viendo la
tele al volver del colegio, el papel amarillento de los tomitos de las novelas
infantiles de mi hermano; había ahí una cosa como de batacazo y tarta en la
cara, una mímica casi de cine mudo, huerfanitos y ladrones, caramelos y hierba
alta de verano. Todas esas sinestesias van cargando la pila y es lo que al final
sale en las ilustraciones, todas ellas deben funcionar como un aroma de ese
texto, como una única ilustración del alma de ese libro.
-En el libro infantil, ¿existe
la autocensura? El creador sabe que existen unas barreras…
En mi caso, el texto a ilustrar
es el que da las claves. Las ilustraciones tendrán el mismo tono que tenga el
texto y valoraré las cosas que puedan entrar a jugar en ellas más con criterios
estéticos o de adecuación al texto que con criterios pedagógicos o de
autocensura.
-Alguna curiosidad o experiencia
vivida respecto a tus libros con los
niños… (Comentario sobre las ilustraciones, sobre el uso del color, sobre los
personajes, etc)
En realidad, mis libros para
niños los compran los estudiantes de Bellas Artes y los aprendices de
ilustrador. Los niños no leen buenos libros ilustrados, están con las consolas
o con los libros clónicos de Disney o de Monster High. No tengo mucha idea de
qué es lo que opinan sobre mis dibujos, imagino que no les importan demasiado y
que los verán raros porque no obedecen a los cánones del manga de mezclilla o
del 3D caramelizado.
Pero, una vez, un librero de
Galicia me dijo que una niña entraba todas las tardes a su librería y se
quedaba mirando durante un rato la cubierta de La Torre Blanca.
Claro, que La Torre Blanca no es un
libro para niños. Quizá por eso le fascinaba.
Pablo, ¿qué tipo de técnicas
artísticas empleas en tus ilustraciones? Mixta, acuarela, lápiz…
Intento utilizar los recursos
más sencillos posibles: lápiz, carboncillo, leves toques de color. Hay que huir
del alarido, de la golosina, del ruido.
Hoy en día el ilustrador como
creador, ¿es una figura reconocida en la
cultura española?
Tenemos más visibilidad, sin
duda. Esta entrevista, inimaginable hace quince años, es la prueba. Pero sigo
percibiendo la paradoja de que en un
mundo plagado de imágenes nadie sabe muy bien qué cosa sea un ilustrador. Y el
sinsentido de que editoriales y periódicos no valoren y respeten más a los
creadores de sus contenidos visuales.
¿Cómo te llevas con las llamadas nuevas tecnologías? ¿Son una
buena herramienta de colaboración?
Son una herramienta
imprescindible ahora mismo. Me han permitido tener más control sobre el diseño
y la maquetación de mis trabajos, poder colaborar con editoriales extranjeras
con comodidad y rapidez. Eso sí, pueden convertirse en un juguete muy
traicionero para un creador. Se puede caer en una charcutería gráfica
intolerable.
Con el reinado de Internet, de
la red como instrumento de comunicación, el poder de la imagen, de la
fotografía a la ilustración, ¿diríamos que es un valor en alza?
Debería serlo, somos creadores
de contenidos de ese mundo. El problema está en si sabremos posicionarnos
ventajosamente para que se respeten nuestros derechos y recibamos lo que
realmente nos corresponde por nuestro trabajo.
-¿Cómo ves el futuro de la llamada novela gráfica?
¿El futuro? No hay nada más actual que eso. Hasta los tebeos que salían
por entregas o en colecciones de álbumes se refríen y unifican en ese formato.
Me gustaría que me hablaras de
otros proyectos como el del grupo musical en el que colaboras.
Camerata Carabel es una banda
que hemos montado mi amigo Txus Amat y yo para arropar de manera diferente y
más eficaz las canciones que antes defendíamos por separado. Estamos
presentando ahora mismo el espectáculo Antigua Colección de Vientos, una
selección de nuestras mejores canciones de los últimos años ambientadas con una
pequeña escenografía y una cierta dramatización, para enmarcarlas y escucharlas
mejor. Se pueden escuchar canciones y ver algunos vídeos en el blog.
Y ya por último, Pablo, si
tuvieras que elegir un personaje ilustrado ( infantil, comic, etc) que te hubiera gustado crear,
¿cuál hubiera sido?
Lucky Luke.


3 comentarios:
Thanks to technology and Google translate, I can understand something of what you have to say about your beautiful work.
Realmente, si el periodista trocea más las respuestas, no deja nada de un discurso inteligente y coherente. Siempre es un placer escucharte-leerte, Pablo.
No entiendo el troceo por motivo de espacio, precisamente, en un periódico digital. No han pillado las posibilidades que tienen. No me extraña que todos los periódicos tradicionales estén perdiendo dinero.
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